Martha Harnecker en “Estrategia y táctica”, reflexionando a Lenin, Clausewitz y las experiencias latinoamericanas; dice que una de las principales cualidades del revolucionario es su capacidad pedagógica, puesto que tiene que enseñar a las masas. No vamos a ponernos exquisitos con su terminología estructuralista o propia del siglo pasado, vamos a tratar de recuperar su aporte.

Por su parte Gramsci, en la lectura que hago de la Antología que realizó M. Sacristán y que publica Siglo XXI; que recupera la idea de hegemonía de los revolucionario rusos pero la eleva a una de las categorías centrales de la política, nos habla de un nuevo bloque histórico, que debe de ganar el consenso (convertirse en dirigente ) para poder desplazar al bloque dominante (que estaría dejando de ser dirigente para convertirse en meramente opresivo). Esta idea implica un convencer a los otros para conformarse como la clase, sector o grupo que logra coaligar a los otros en torno a objetivos que aparecen como generales para la mayoría.

El tercer elemento viene de Paulo Freire, en “Pedagogía del oprimido”, “Pedagogía como práctica de la libertad”, principalmente; donde habla de “concientización” como el proceso en el que los oprimidos descubren al opresor y se descubren a sí mismos (proceso en el que los roles de maestro y alumno se mezclan y son interdependientes de manera dialéctica); es el proceso de reflexión que presupone una crítica a lo establecido, como crítica práctica que conduce a la liberación. Es además un proceso que se hace dialogando en comunidad, dialogando entre oprimidos.

Lo último que me permite articular esta nota es la reflexión de Enrique Dussel. Uno de los más originales y profundos marxistas que hay. Dussel mismo hace una síntesis, aunque no toma Harnecker a quien seguro identifica como una althuseriana promedio ni a Lenin (aunque esto podría estar cambiando en sus próximas obras). La reflexión de Dussel parte de la víctima como un otro negado en su materialidad (explotado, cuya vida se pierde sin retorno en la explotación o asesinado por una dictadura), formalidad (fuera de la “democracia”, fuera de la comunidad de comunicación dominante, invalidado como interlocutor ) y factibilidad (señaladas sus aspiraciones como imposibles y obligados a asumir “lo que hay”, “lo que se puede”, “lo posible”; pero esto dentro del discurso, moral y sistema dominante). Dussel (Tomaré aquí los tomos de la “Política de la liberación I y II”, la “Ética de la liberación” y las “14 tesis sobre ética, todos editados en Trotta), parte de afirmar que lo pedagógico es una de las mediaciones de la política (tomando en consideración que esta tiene como fin real y original la reproducción y mejora de la vida en comunidad) con el que se habilita a la comunidad a resolver sus necesidades. Retoma la concepción de “concientización” de Freire y la aproxima a su lectura de Gramsci con la categoría “Bloque popular de los oprimidos” (en oposicion al bloque histórico en el poder, ambas categorías de inspiración gramsciana); lo reliza señalando que en la medida en que las víctimas se conscientizan se articulan para transformar sus condiciones de opresión y esto sólo puede ser articulando un nuevo bloque histórico (para Dussel una alianza transversal entre vítcimas), para ello uno de los elementos es la conformación de una comunidad de comunicación de las vícticmas donde se establezca lo nuevo válido y lo factible para resolver lo material (lo material como presupuesto para resolver lo válido y factible así una serie de interdependencias entre estos tres rangos que no señalaré aquí para no cansar).

Sin duda el cruce que hace Dussel es el más profundo, pero no podemos dejar de lado el aporte Harnecker y Freire que nos aproximan de un modo peculiar a dos campos prácticos que la ciencia tradicional nos plantea como opuestos: el político y el pedagógico. No hay oposición, ambos tienen como referencia la vida y no es un secreto que la pedagógica sólo es pensable en comunidad y como mediación para la vida. Su relación con la política es íntima y si nos ponemos a hablar ya en sí de la educación, y la pública en específico, esta tiene su origen en el tempo o en el estado (frecuentemente indisolubles) por ende tiene un carácter siempre referente político.

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En el párrafo anterior he señalado lo dado, el sistema exisstente. Válido para explicar tanto al capitalismo, como al socialismo o al feudalismo. Pero qué pasa con el otro, el que está fuera de este sistema dado. Bueno, pues si tomamos a la política como ligada a la vida, un sistema del ser que se fetichiza y niega al otro se convierte en una tantopolítica (como la que vivimos desde hace mucho). Entonces el acto político sería el que apele por el fundamento de la política que es la vida, es la praxis de la liberación. Esta praxis deberá incluir el consenso y este implica la concientización. Por el lado de la pedagogía intenta esturcutrar conocimientos significativos que permitan la vida comuntiaria y el futuro, la pedagogía entonces está normalmente enraizada en las necesidades comunitarias, la pedagogía es un permanente aprender porque la vida fluye y no es estática. Si la pedagogía se fetichiza ideologiza para disciplinar el cuerpo y su praxis. La pedagogía entonces implica apelar al fundamento de la vida y vincular a sujeto a sí y a su comunidad, a la praxis que resuelvan sus necesidades (no a teorías aisladas y abstractas que sólo se memorizan). Aquí llegamos a un punto dado en el que la pedagogía y la política se cruzan y se vuelven indistinguibles en sí (y sí solo bajo una abstracción analítica muy maniquea) tanto en las víctimas en su praxis de liberacion como en los opresores y su praxis opresiva-disciplinadora.

Y todo esto sucede en una época donde el binomio mercado-estado está al servicio del capital, por ello deviene la política y su campo lo predominante para otros campos prácticos que desean desvincularse de procesos fetichizados. Por ello el acto político (de liberación) es en sí el acto al que conduce la práctica pedagógica crítica, deviene en neustra época el acto pedagógico por excelencia: como conformación de un nuevo bloque de las víctimas que sólo surgirá a partir del diálogo entre iguales (no idénticos), el acuerdo y la lucha en común (en la que lo pedagógico se realiza y se corrige: aprende y aprehende). Lo pedagógico como una mediación de la comunidad que busca recuperarse y recuperar las mediaciones para aumentar y mejorar la vida en comunidad.