ColumnaNeki

I

Dicen los posmodernos que no hay hechos sino interpretaciones. En la ciudad de México como en otras grandes capitales del mundo, ésa sería una afirmación que podría describir, más que una verdad, el triunfo del individualismo, los medios corporativos y las mercancías fantásticas sobre la sociedad. Las ciudades como la CDMX, son monstruos donde la geografía somete a sus habitantes al capital y la centralidad del poder, no son lugares para habitar humanamente, mucho menos ecológicamente. Son espacios donde la lógica de la dominación impera: si la comunidad necesita residir y transportarse lo hará de acuerdo a la necesidad de circulación del capital. El hecho de la vida comunitaria con su protección, defensa y aumento, deviene secundario o se anula, se le somete a la lógica de la acumulación; es decir: se le fragmenta y se le da como combustible al sistema.

Algunos posmodernos parten de esta realidad de sometimiento y la pretenden hacer pasar por natural. Nada diferente a lo que hicieron los modernos pero con un tufo, ahora, de relativismo que a veces resulta intratable.

No es esto un análisis o crítica de la posmodernidad ni de la modernidad, vayamos a nuestro punto:

Otro factor para este tipo de pensamientos es que a la realidad se le relega porque la sociedad se siente muy suficiente y dominante frente a la naturaleza (sobre todo la animada). La tiranía que la humanidad ejerce (sobre todo en los países medianamente industrializados y dentro de las zonas de gran urbanización) sobre la naturaleza le ha permitido construir lujos y comodidades para quienes pueden pagarlos (muy pocos) y un entorno de naturaleza humanizada(pero reductivamente como instrumentalizada para el capital) que, deshumanizando la naturaleza del sujeto y desde una perspectiva fetichista, nos hace pensar que estamos en un mundo bajo nuestro control (sólo abstractamente porque en realidad es el control de corporaciones y partidos). Estas son condiciones culturales (más formales que materiales) que permiten teorías y discursos como el posmoderno.

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II

El temblor te sacude mientras te bañas, estás leyendo o caminas. Esta racionalidad soberbia que describimos es probable que te lleve primero la negación del “me maree, pise mal, vi que algo se movía” pero el cuerpo te detiene, se eriza, tu cerebro primitivo desencadena las hormonas y te lleva a tomar alguna medida o quedarte inmóvil. La razón, baluarte de modernos y posmodernos, se hinca ante el cuerpo y ambos ante la naturaleza, la interpretación queda manipulada como marioneta frente al hecho. La realidad trascendental absoluta, poderosa misteriosa y magnífica emerge con movimientos tan gigantescos que nos son invisibles, con sonidos sordos gigantes que nos envuelven; desde el más allá que nuestros sentidos y más allá que nuestra ciencia. No hay un dios o no cabe la metáfora de una madre tierra que nos envuelve y nos cachetea para que caigamos en la culpa de que algo hicimos mal con alguien o a la tierra. No. Tampoco se puede moralizar en sí el epicentro, la placa, la imprevisibilidad en sí misma.

Lo que nos aparecía dominado, el hecho, los objetos, vuelve a ser la incógnita, se tornan extraños o amenazantes ¿la fisura de ese muro es riesgosa? ¿mi edificio es seguro?, el patrón amigo vuelve a ser el hijodeHernánCortés que te obliga a trabajar en lugares al borde del colapso, las obreras textiles vuelven a ser las víctimas paradigmáticas. La naturaleza se nos vuelve a revelar, el solipsismo va cediendo frente al a urgente humildad, volvemos a ser pequeños.

El derrumbe material no es directamente proporcional al derrumbe simbólico (o de la ideología dominante), el segundo es mayor aunque es probable que esté muy abajo y para algunos sea una especie de silencio mental que les invade los últimos días, para otros es la ansiedad frente al cosmos, en otros fue su entrega al otro, algunos los vivieron como solipsismo, algún otro se quiso hacer el que no pasó nada mientras la época se le venía abajo.

La tierra siempre ha tenido terremotos, en ciertas zonas como la nuestra son frecuentes. Si el capitalismo persiste, los habrá después de que este sistema nos lleve a la extinción. ¿Cuál desastre natural? Si la naturaleza animada ES gracias al desastre de la inanimada y probablemente somos el más grande producto de pequeños y grandes cataclismos.

Eso es el nivel Pero el ser humano vibra también con el terremoto, vibra su materialidad, sobre ello escribiré en mi próximo escrito catártico.