Imagen tomada de National Geographic

 

Es natural que los planetas giren en torno a un astro con mayor masa y también es natural la muerte de todo ser vivo. Pero la supuesta naturaleza, lo que obviamos, se complica con las relaciones humanas. Porque es antinatural la unión de parejas del mismo sexo, pero es natural que en este sistema capitalista extendido en todo el planeta, haya 8 personas que poseen más dinero que la mitad de la población del mundo, mientras gente de la África subsahariana muere de hambre, enfermedades o por las vejaciones de la guerra.

Explicar las relaciones humanas con los supuestos morales que se infunden en lo natural, trae consigo contradicciones que solo imposibilitan el desarrollo de la plenitud de la existencia. Los ejemplos de esto son variados y algunos más evidentes que otros.

El darwinismo social que surgió entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, a raíz de concebir el mecanismo principal de cambio evolutivo propuesto por Darwin en 1859: la selección natural, podía ser extrapolado a las relaciones humanas. De modo que si los organismos luchan por su supervivencia, siendo el más apto quien tuviese la fortuna de dejar descendencia ¿por qué no habrían de hacerlo las sociedades humanas? Ello, por supuesto, gozó de gran aceptación entre los países imperialistas, pues así, podían legitimar ante el tribunal de la naturaleza sus invasiones sobre otras naciones. Por tanto, mientras países europeos como Inglaterra o Francia disfrutaban de la riqueza generada en sus colonias, la otredad invadida simplemente era negada, o como Frantz Fanon diría: eran Los condenados de la tierra.

Esta moral de superioridad natural explicada por una interpretación convenida entre potencias, fue la misma que adoptó la medicina nazi para justificar sus estudios sobre craneometría y demostrar que el tamaño de los cráneos arios era mayor que el de negros y judíos.

Sin embargo, este asunto por más añejo que pueda sonar, todavía se refleja en situaciones que a veces no percibimos. Un ejemplo de ello es la exclusión de la juventud al derecho de la educación superior, pues en lugar de reflexionar de manera crítica el gran problema estructural de la educación en México, se crean estigmas sobre la capacidad cognitiva de quienes aspiran a ingresar y se desarrollan discursos sobre la supremacía de unas cuantas mentes privilegiadas que son aptas estudiar una licenciatura[1].

Otro de los temas que han causado revuelo actualmente y que incluso ha movilizado a miles de personas a salir a las calles, es la defensa de la familia natural. Este modelo, de acuerdo al arzobispo Norberto Rivera, se compone por la madre, el padre y sus hijos. Sin embargo, admitir este modelo es reconocer también, una noción ahistórica. Es decir, la negación de la transformación de las familias con el paso del tiempo en las distintas regiones del mundo. Desde luego ¿cuándo se ha visto en la naturaleza que a partir del apareamiento entre leones macho, surja una cría?

¿Y entonces, qué nos dice la naturaleza al respecto? Para empezar, debemos entender que el argumento de lo natural, en estos casos, es la extrapolación de las relaciones entre agencias orgánicas: en última estancia la selección natural y la reproducción sexual de organismos vertebrados. La defensa de lo natural excluye a la materia inanimada.

Asuntos como la familia nuclear y la heterosexualidad no tienen razón natural desde el caótico de las relaciones de las especies. Imaginemos, primero se tendría que definir cuál es la especie o linaje que funcionaría como parámetro de nuestra supuesta naturalidad; incluso hasta su temporalidad evolutiva. Las especies evolutivamente más cercanas a Homo sapiens, como Homo neanderthalensis, Homo erectus u Homo habilis (entre las restantes especies que componen el género Homo), se encuentran extintas. Por tanto, la referencia más cercana se encuentra en la familia Hominidae (Fig. 1), que abarca chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos.

 

 

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Fig. 1: Imagen tomada del proyecto Tree of life

Se ha documentado que los bonobos tienen hasta 75% de relaciones sexuales sin fines reproductivos y que la mayoría presenta comportamiento bisexual. De igual modo los comportamientos con fines reproductivos, no reproductivos (por placer), heterosexuales, homosexuales y bisexuales, son variables entre las demás especies que integran a esta familia. Claro, el sexo entre machos o entre hembras de la familia Hominidae no dejará descendencia, eso probablemente alarme a quienes opinen que si todo el mundo fuese homosexual nuestra especie vería la extinción. Pero tengan calma, para 2050 se estima que haya 9 700 millones de personas en el mundo.

¿Y entonces podemos formarnos una ética y una moral que parta de un supuesto natural? La intención de esto es invitar a reflexionar el alcance de lo natural. Tomar en sí misma a nuestra especie como lo natural para la propia especie, es un argumento circular. Por tanto, resulta importante analizar quiénes formulan la naturalidad, desde dónde lo hacen y el contexto social en el que se hace.

Los debates sobre lo natural son amplios. Incluso se habla sobre si el egoísmo es natural, tal como llega a sugerir Richard Dawkins y amplia Edward Osborne Wilson con su sociobiología, pero que también son criticados –y con acierto- por los biólogos Richard Lewontin, Richard Levins y Stephen Jay Gould, al argumentar que en efecto, no hay base genética material sobre el comportamiento humano.

¿Entonces qué moral y ética nos queda por construir? Lo único que puedo señalar, es que las complejidades humanas no pueden ser reducidas a explicaciones meramente biologicistas. Pienso que debemos construir una ética y una moral inclusiva que permita a las personas ejercer la autodeterminación de sus cuerpos, así como su desarrollo pleno ante una sociedad injusta, lo cual, no basta tampoco con argumentos biológicos. Pero bueno, tal tarea la dejo a quienes saben sobre filosofía, sociología, psicología, derecho, economía, feminismo, ciencias políticas, etcétera.

[1] Nuestras humildes opiniones sobre el tema en: http://www.opochtli.mx/da/?p=708 y http://www.opochtli.mx/da/?p=723