Dentro del vasto universo cinematográfico de la última década del siglo XX podemos encontrar temas recurrentes como son la caída del sueño americano, la ruptura con temas utópicos, la terminación de los clásicos con finales felices. La aparición de un cine estéticamente más violento. Los noventas nos regalaron clásicos como Bad Lieutenant de Abel Ferrara, Boogie Nights de Paul Thomas Anderson y Gummo de Harmony Korine en un sentido más independiente.

Todas las obras antes citadas comparten el comienzo de un nuevo cine donde la crítica social está más presente, donde las contradicciones de clase se hacen cada vez más presente y la brecha que separa a las personas en bandos opuestos se vuelve mayor. El fin de siglo no se veía muy alentador. Cada una de las cintas anteriores comparten lo que Oswald Spengler denominó la decadencia de occidente; la suma de todos los males que desencadenado el modo de producción donde habitamos y que ha permeado en las distintas esferas de la sociedad.

En Bad Lieutenant observamos la corrupción del mundo moderno, las batallas que libra el personaje con su entorno, pero sobre todo con él mismo, además de librar un debate moral al cual no estaba preparado. Boogie Nights nos ofrece otra mirada al universo de la pornografía, contando las historias de las personas detrás de este oficio, sin retoques, como permea esta industria en la cultura. Finalmente Gummo nos ofrece diversas postales de un mundo apocalíptico, que no es más que una mera metáfora de la sociedad de consumo en la que habitamos.

Pero del cine de los noventas hay un ejemplo que sobresale, no sólo por su éxito comercial, sino por el trasfondo económico, político y cultural. De la cinta que estamos hablando es de Trainspotting, segundo largometraje del cineasta británico Danny Boyle y basada en la novela homónima escrita por el literato escocés Irvine Welsh.

Trainspotting representa un grito desesperado de la juventud contra el statu quo, contra las reglas del juego, de una sociedad enferma y que busca una bocanada de aire puro. La cinta como la novela tiene un toque de humor negro que adereza las proezas de los protagonistas de la cinta. Ubicada en los tempranos años noventa narra la vida de un grupo de amigos drogodependientes que al no ver un futuro claro, tienden a encontrar en la heroína el placebo a todos sus males. El argumento de la historia suena a cualquier otra obra que describa el mundo de las drogas. Ejemplos hay muchos, pero Trainspotting sobresale de todas estas cintas, por algo muy sencillo: El trasfondo político en el cual están inmersos los protagonistas.

A primera vista en la cinta no se presenta el tema político a simple vista hay que buscarlo en la estética del film, rebuscar en los diálogos y desenredar el hilo de Ariadna. En la obra escrita es más fácil de entender: el modelo neoliberal ha roto las esperanzas de todo aquel que esté inmerso en el sistema; la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen se hace más grande.

El modelo neoliberal en Reino Unido fue implantado durante la gestión de Margaret Tatcher como Primer Ministro. La famosa dama de hierro implementó una serie de recortes al gasto social, separó la economía del estado, entregándola al libre mercado. Las recetas presentadas tanto en Reino Unido, como en Estados Unidos o Latinoamérica hicieron mella en los sectores populares, las clases obreras y trabajadoras.

La década de los noventa nos trajo el fin de la historia, pero nada más alejado de la realidad, el comienzo de una nueva era donde la seguridad social es cada vez menor y el Estado sirve simplemente para legitimar el monopolio de la violencia.

Las historias presentadas en Trainspotting corresponden, a esos hijos de obreros que vieron como sus progenitores lucharon en la década de los sesenta por mejoras en sus condiciones laborales, logrando conquistas que en el siglo XIX se veían difíciles pero no imposibles. Trainspotting es hija de la literatura beat, pero también rompe con esta al presentar un lado más crudo del abuso de drogas: los costos que trajo consigo la implantación de un nuevo modelo económico. Ante la falta de oportunidades el futuro es incierto.

Para el cineasta y escritor Michael Moore,  el comienzo de esta nueva etapa en la cual se perdieron las conquistas sociales ganadas por las generaciones anteriores (al menos en Estados Unidos) fue el 5 de agosto de 1981. Moore explica que

el 5 de agosto de 1981, el entonces presidente Ronald Reagan despidió a todos los miembros del sindicato de controladores aéreos (PATCO), que desafiaron su orden de regresar al trabajo, y declaró ilegal al sindicato. Llevaban apenas dos días en huelga. Fue un acto audaz y descarado. Nunca nadie lo había intentado. Lo que lo hizo aún más audaz fue que PATCO había sido uno de los tres sindicatos que respaldaron a Reagan para presidente. Una ola de conmoción sacudió a los trabajadores en todo el país. Si Reagan hizo eso a quienes estaban con él, ¿qué nos hará a nosotros?

En Reino Unido la historia fue muy similar, el neoliberalismo ocasionó crisis y malestar en las clases populares, expandiéndose de esta manera el descontento y la aparición de males a mayor escala: la prostitución, el paro y, sobretodo, la drogadicción. Es esta última la principal consecuencia de la crisis que explora Trainspotting, donde personajes marginales habitan las calles de Escocia buscando la receta mágica a sus miserables vidas. Los personajes de esta saga (conformada por Trainspotting, Porno y Skagboys), no son más que el reflejo de la sociedad enferma y cansada para la cual el futuro está perdido. El punto a favor de esta obra es que no lo aborda desde una perspectiva fatalista, como Requiem for a dream, sino al contrario lo retrata con mucho humor y hace que sus protagonistas sean más sensibles y uno se llegue a identificar con ellos, logrando que uno se sienta identificado con esa otredad.

Trainspotting pasará a la historia no por retratar la drogadicción, sino por servir de fiel documento de las consecuencias del neoliberalismo en la vida cotidiana. Sumada a esta obra, Irvine Welsh presentó la secuela Porno y la precuela Skagboys. En la primera se profundiza la temática de la crisis una década después, ahondando en el tema de la industria del entretenimiento para adultos, narrando la vida de los mismos protagonistas, pero ahora enfrentando diferentes problemas. En Skagboys nos encontramos a los mismos jóvenes años antes y narrando su primer acercamiento con la heroína; sobra decir que esta obra está más cargada de contenido político que Trainspotting.

Trainspotting es la prueba viviente de como las letras pueden compaginarse con las imágenes, la fusión del arte narrativo con el arte cinematográfico, dando a luz un producto difícil de digerir pero que quedará para la posteridad como una cinta emblemática, pero sobre todo dará fiel testimonio de todos aquellos cuya única prioridad es llegar a final de mes.