¿Cómo es que estáis buscando entre los muertos
a quién está vivo?
Lucas 24

Que los festejos a nuestros muertos no acaben nunca, que se conviertan en reflexión cotidiana sobre el ¿Qué construiremos sobre sus tumbas? ¿Monumentos, escuelas, cárceles, guillotinas?

¿Cuánto de nuestros muertos alumbra nuestro camino de vivos?

 

I
Pero celebrar la muerte puede ser engañoso, porque sin darnos cuenta podemos fortalecer la idea de la muerte intocable, súper poderosa, fetichizada. Que no es más que extensión del entendimiento fetichizado de la propia vida. Es decir que cuando creemos que la vida en sí misma es autosuficiente que no necesitamos la historia, ni el pasado ni el futuro y muchas veces ni a la naturaleza, perdemos la noción de que la vida humana es parte del ciclo general de la naturaleza en el que también forma parte por supuesto, la muerte. El concebir a la vida como única natural, concebimos a la muerte como extraña, ajena, antinatural y entonces la muerte se vuelve nuestra enemiga.

Pero la muerte es parte de la vida y no sólo como metáfora, sino realmente. Un día más de vida que tenemos es un día de vida menos que nos queda, el acto de ir viviendo significa el acto de ir muriendo.

La muerte es una expresión particular de la vida (así como lo es crecer, madurar, etc.), la muerte es la expresión del final de la vida, el lugar de llegada, es la síntesis de todo el acto de existir.

 

II
Y sin embargo la muerte no se desea, hay que huirle lo más posible. ¿Entonces por qué abrirle la casa con tanta alegría?  Justo por eso, porque es tan indeseable como inevitable. Y es que la vida tiene miles de incertidumbres ¿En qué trabajaré? ¿Hallaré al amor mi vida? ¿Seré feliz?, preguntas que se resumen en ¿Qué vida llevaré?, así ante tanta incertidumbre de la vida la única certeza es la muerte.

Entonces por qué la pregunta de ¿Qué vida queremos tener? No es también la de ¿Qué muerte queremos tener?mural

Es preciso prepararse para morir, pero no como idea suicida sino preguntándonos ¿El día que venga la muerte por mí, cómo me va a encontrar? Y dice Silvio que “yo me muero como viví”. Evidentemente una lombriz no puede morir como águila. ¿A quién quieres que encuentre la muerte cuando venga por ti? A un héroe, a un honesto trabajador, a un ladrón, a una mierda, a una lombriz o a un águila. La muerte se lleva a quien somos en vida.

Sin duda esta pregunta debe ser una cotidianidad en nosotros si queremos tener bien claros los objetivos de nuestra vida. No olvidemos que de esta forma, los misterios de la muerte son los misterios de la vida, cuánto menos hablemos de la muerte menos hablaremos de la vida.

 

III
Y luego se nos muere alguien, un ser querido ¿A dónde va? ¿De qué sirve la muerte a quien murió? No sé, no tenemos acceso a ese mundo del más allá para saborearlo y reflexionarlo, lo que sí podemos saber es ¿De qué sirve la muerte a quiénes no murieron? Y Viglietti nos dice “[…] Vengo a cantar por aquellos que cayeron […] y canto a los que están vivos”, o sea a dónde van los muertos en el más acá de los vivos.

Con la persona que amamos se nos va una consciencia independiente a nuestra consciencia que nos aconseja, en vida esa persona nos decía al oído con palabras o con sus acciones –sé mejor persona, o – sé peor persona. Una vez muerto, seguimos teniendo presente el consejo, pero ya no como consciencia independiente, sino como consciencia nuestra. Verdaderamente la persona sigue presente entre nosotros. Es oír el consejo de los muertos desde los vivos.

descarga¿Para qué sirve esto? Sin duda si les pedimos consejos, es debido a que les debemos muchas respuestas, no podemos dejar que se vayan porque nos hacen falta pero  también porque esos muertos tienen muchas cuentas sin saldar con esta vida. Es decir; es obvio que los consejos y la sonrisa del Ché dejarán de retumbar como látigos en nuestras mentes, cuando la era de la dominación ya no exista, pero las cuentas que se deben no son sólo políticas, son sentimentales en general. Una abuela dejará de tener cuentas cuando toda su descendencia sea gente de bien, así como el Ché sigue desde algún lado trabajando en los campos de azúcar, las abuelas siguen en el cielo lavando ajeno para darles estudio a sus hijos.

Ya habíamos dicho que no sabemos qué es eso llamado “cielo”, “más allá” etc. Dijimos que sí sabemos qué se queda con los vivos, pues sí, ese Ché que trabaja y esa abuela que lava, son nuestros, se quedan con nosotros.

¿Para qué sirve la muerte para quiénes no mueren? Para darle vida a quien sí murió y esto es cumplir sus objetivos de vida. Para que el Ché descanse hay que liberar a los Pueblos, para que las abuelas descansen hay que estudiar y ser gente de bien (hoy le compro su libro a mi primo para que no deje la escuela, es lo que querría la abuela).

Por eso queda abierta la pregunta ¿Qué construiremos sobre las tumbas de nuestros seres queridos? Y ¿Qué queremos que construyan sobre nuestras tumbas nuestros seres queridos?

 

IV
La muerte nos acompaña, abrámosle la puerta, invitémosle un café y digámosle: – Haz paro déjame trabajar lo más posible en vida por todos los que amo.

Ante nuestra amabilidad puede que la muerte se encaje y diga: -no, lo siento.
Para entonces debemos haber construido la fuerza y el valor de decirle: -Hoy no (y cerrar el telón con una victoria nuestra por esta ocasión).