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Imagen tomada de: Crónica ambiental, edición #7

 

Las ideas con las que construimos nuestra interpretación del mundo, sabemos, son producto de una constante relación con nuestro entorno. Incidir sobre nuestras ideas, y mejor aún, decirnos cómo actuar en sociedad  ha sido una de las principales tareas de gobiernos y empresas (u otra agencia que desee promover o mantener su hegemonía).

En nuestro país, por ejemplo, la clase poderosa se ha ayudado (con una mezcolanza de ingenuidad y alevosía) de discursos que impulsan a la acción individual como única forma para alcanzar, al menos, poco a poquito, de manera certera y fulminante, los cambios nacionales (generales, si se quieren ver así) que urgen para México. Ciertamente, ejemplos de esto los hay muchos y variados, pero uno que últimamente se ha puesto de moda es el desuso del popote.

Recientemente el presidente del Senado de la República, Pablo Escudero, al inaugurar la mesa “Arte y educación de nuestro planeta”, mencionó que desde la plataforma legislativa que él preside, se promovería la idea de abandonar el uso de popotes. Y a esto se sumó Ninfa Salinas Sada, presidenta de la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales, quien mencionó que los restaurantes del país, llegan a hacer uso de 45 mil popotes[1]. Alarmante porque no son biodegradables, afirman.

Deja de contaminar [tú, desde la individualidad] y el mundo tendrá posibilidades reales de ser “salvado”, es el mensaje del que, con este tipo de declaraciones, nos quieren convencer. No pretendo deslegitimar las pequeñas acciones, sino invitar a reflexionar sobre quiénes caerá la mayor responsabilidad de contaminación en el mundo.

En México, solo por tomar un ejemplo, el 74% del negocio de la minería (que está en manos de empresas extranjeras), se encuentra en franca expansión. En la Sierra Norte de Puebla, por ejemplo, se han librado batallas entre la gente que defiende los recursos naturales y estas grandes compañías. Las consecuencias ambientales de la minería están bien documentadas: van desde la infertilidad del suelo y el decaimiento de los mantos freáticos, hasta el envenenamiento del agua y el origen de enfermedades respiratorias. Así, aunque en una comunidad de la serranía poblana se promueva la separación, por hogar, de los residuos generados, las empresas, en nombre del poder y la depredación, seguirían contaminando severamente el entorno.

La falta de voluntad por parte del estado y de las empresas para cumplir normas de cuidado ambiental se hacen evidentes. Mientras en México nos exhortan a dejar de usar popotes, hubo ecocidios de gran magnitud en Tajamar y la isla Holbox para construir complejos turísticos y hoteles –de primer nivel, asegura el progreso–.

Mientras nos recalcan que los popotes no son degradables, no nos dicen que la extraordinaria diversidad de América Latina es destruida porque sus recursos constituyen la materia prima de la economía de los países desarrollados.

Es claro que sí se debe dejar de usar popotes, unicel y bolsas plásticas de los supermercados, entre otras cosas, sin embargo, no podemos admitir esto para invisibilizar a esos grupúsculos que tienen una gran responsabilidad por la afectación ambiental del mundo. En nombre del dinero, a las empresas (cuidadas por los gobiernos) no les importa extinguir especies, dar el tiro de gracia a ecosistemas o bien, fulminar el aire que respiramos; a ellas les importa el dinero y ver cuánto cotizarán mañana en Wall Street.

Mucha razón tuvo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, cuando en la pasada reunión del COP21, manifestó que la situación del calentamiento global y cambio climático “tiene responsabilidades locales, aunque sus consecuencias sean globales”.

Las soluciones a problemáticas ambientales que ahora enfrentamos no deben plantearse desde la segregación de pequeñas acciones. Cuidemos al planeta desde donde estemos, pero a ello sumemos exigencias hacia quienes en escala nacional y mundial, lo destruyen. Si no se cambia el modelo económico que ahora asfixia al mundo, no habrá futuro para la gran mayoría de la humanidad que vive en una constante vulnerabilidad.

 

 

[1] Vésase nota: http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/informacion/boletines/30973-senado-buscara-reducir-el-uso-de-popotes-en-restaurantes-del-recinto-legislativo.html