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Museo de la Evolución, en Puebla (Foto sacada del portal El Porvenir.mX)

¿Dónde está la evolución en el Museo de la Evolución?

 

“En biología nada tiene sentido, si no es a la luz de la evolución”
T. Dobzhansky, 1964.

 

El pasado mes de enero el gobernador del estado de Puebla, Rafael Moreno Valle, junto con el titular federal de la Secretaría de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, inauguraron el Museo de la Evolución ubicado en la zona de los Fuertes de Loreto y Guadalupe. Moreno Valle y Tovar aseguraron a los medios que con una inversión de 114 millones de pesos y más de 600 piezas en exhibición este museo es uno de los más completos de América Latina[1].

Puesto que la ciencia es un componente importante de la cultura, la idea de un Museo de la Evolución (ME) me resultó más que grata sobre todo, porque el pensamiento evolutivo ha sido trascendental para comprender el mundo en al menos los últimos 150 años. Sin embargo, cuando asistí al ME me llevé una decepción: estéticamente es bueno, pero la concepción evolutiva se quedó sumida entre muros, luces y especímenes. A continuación esbozo algunas críticas muy sencillas, que aclaro, no son todas  las que se podrían hacer.

  • Falta de iconografía

Los elementos que componen al ME, considero, carecen de la iconografía dinámica que muestre el cambio de los linajes en el tiempo. Quizás haya quienes argumenten que las explicaciones orales de las personas que prestan su servicio al ME basten para esbozar los secretos de la evolución. No obstante, la iconografía es un elemento muy importante y concedo la razón a Gould cuando afirma:

“[N]uestra reciente invención de la palabra no puede ocultar completamente una herencia anterior. Los primates son animales visuales por excelencia y la iconografía de la persuasión llega aún más cerca del alma de nuestro ser que las palabras. Cualquier demagogo, cualquier humorista, cualquier ejecutivo de publicidad ha conocido y ha explotado el poder evocativo de una imagen bien escogida” (2008, p. 25).

Parece ser que en algunas ocasiones nos olvidamos de la relevancia que las imágenes tienen para representar una idea, un concepto o una teoría. Sin embargo, son importantes (así como las metáforas lo son) para ayudarnos a interpretar los fenómenos que ocurren en el mundo.

Me viene a la cabeza un esquema heliocéntrico. Copérnico, para dar a conocer que la Tierra y los demás planetas giraban alrededor del sol, se ayudó de un esquema que reflejase su idea, mismo que se ha mantenido hasta la actualidad y el cual, al verlo, sin ser expertos en astronomía, nos ayuda a comprender que el Sol y no la Tierra, es el centro de nuestro sistema solar.

Vaya, hasta cuando uno revisa los inicios del México independentista puede encontrar las razones de por qué Don Miguel Hidalgo eligió una virgen de tez morena y no blanca: la fisionomía de la Virgen de Guadalupe se identificaba plenamente con nuestros antepasados, que oprimidos, buscaban la anhelada liberación del yugo español. Así, nuestro padre de la patria, al no contar con una bandera propia para México, utilizó un elemento visual con el que la mayoría de la población se identificara[2].

En el caso del pensamiento evolutivo[3], Darwin, en 1859, en su magna obra El origen de las especies (del cual vale la pena recalcar que el 10 de noviembre de 2015, el renombrado diario británico: The Guardian señaló que para gran parte de la comunidad científica inglesa es el libro que mayormente ha influido sobre la manera en que se concibe el mundo) solo hay una imagen. Imagine: un libro de gran relevancia para la historia de la humanidad que solo contiene una imagen y que fue trascendental para representar la idea que Darwin quería dar a entender: la historia de la vida no es lineal, pero además en ella hay especies (ramificaciones del árbol darwiniano) que se extinguieron y otras que han llegado hasta nuestros días.

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Única imagen de la primera edición de: El Origen de las especies (1859, p. 116).

En el ME, durante mi recorrido en las cuatro salas, no vi ningún tipo de representación que señalara genuinamente (o al menos un excelente intento) la evolución de la vida. Por el contrario, existen representaciones iconográficas que hacen de la evolución la marcha inevitable hacia el progreso; como dando a entender que la evolución es asunto de inevitabilidad, y no de contingencia[4], idea totalmente incorrecta.

Por ejemplo, en la sala donde se exhiben los cráneos que representan la evolución de la especie humana, al no existir una iconografía ramificada (o al menos no una clara), se pudiera, como resultado, llegar a una concepción lineal de la evolución de nuestra especie, cuestión que puede hacer creer a  los públicos que visitan el ME  que nuestra especie fue un producto inevitable de la evolución como proceso natural que tiende a la perfección (pido una disculpa por no tener una foto de la disposición de los cráneos del ME, pero por circunstancias técnicas carezco de ellas).

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(Ilustración original por Rudolph Zallinger, para el libro: Early Man, de F. Clark Howell)

La idea de linealidad en evolución trae como consecuencia creer que la evolución marcha inevitablemente hacia el progreso, idea bastante arraigada al representar la evolución de este modo.

La ausencia iconográfica de una evolución ramificada propicia concepciones equivocadas de la historia de la vida. En el ME no existe ningún esquema preciso que haga énfasis en ello.

  • Ausencia de linajes clave

Sé que es muy difícil colocar todos los linajes clave que dieron origen a otras formas de vida. Sin embargo, uno del que me sorprendió su ausencia fue el de los anfibios. Es sabido que los primeros organismos en colonizar tierra firme fueron los pertenecientes a la clase Amphibia. De tal modo que para hablar de la evolución de los dinosaurios (a quienes se les dedica un gran espacio del museo), era menester representar a los anfibios antiguos. Los públicos que visitan el ME probablemente no sepan cómo la vida marina llegó a poblar gallardamente la Tierra, que luego sería dominada por los reptiles y los mamíferos. Incluso, aunque existe la representación de un celacanto (Latimeria chalumnae), organismo perteneciente a la clase Sarcopterygii (peces con aletas lobuladas), no se menciona de ningún modo que la estructura de sus aletas, muy probablemente, fue la que dio origen a las actuales extremidades en los tetrápodos (anfibios, reptiles, mamíferos y aves). Remarcan que es un fósil viviente, pero simplemente eclipsaron su valor evolutivo.

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Latimeria chalumnae. Foto tomada del Museo de la Evolución de Puebla.

  • Nulo reconocimiento de la teoría evolucionista

La biología como ciencia, ha sido fundamental para explicar y comprender el mundo. Para la biología, la evolución es imprescindible. La diversificación de las disciplinas biológicas de inicios del siglo XX fue muy marcada. No existía relación aparente entre por ejemplo: la biología molecular, la genética, la paleontología, la sistemática; sus objetos de estudio y sus métodos eran tan diferentes que no existía un eje en común que las relacionara.

Para historiadores de la ciencia, fue la síntesis moderna de la teoría de la evolución, que se desarrolló en los años de 1930 y 1940, la que le dio sentido a la biología. Con dicha teoría fue posible relacionar las disciplinas biológicas a partir de un objetivo: explicar la evolución de los organismos en sus distintos niveles de organización y escala de tiempo. Y aunque no me ocuparé de explicar en qué consiste dicha teoría, sí diré: esta teoría evolutiva forjada en el corazón del siglo XX, ha sido el paradigma dominante de la biología evolutiva[5]. De ahí que Theodosius Dobzhansky (de quien vale la pena decir, fue uno de los más grandes evolucionistas del siglo XX que dio origen a tan renombrada teoría), en 1964, escribiera una frase que ha trascendido mundialmente: “en biología nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución.”

Si la biología es importante para entender el mundo y para la biología es importante la teoría evolutiva ¿Por qué no divulgar si quiera un poco la teoría evolutiva? Considero que en el ME no hubo ni un mínimo esfuerzo por plasmar algo de la teoría evolutiva que muchas esferas de la comunidad biológica siguen utilizando como instrumento de sus investigaciones e interpretaciones. En el ME no se destina ni un pequeño apartado a explicar conceptos muy básicos como adaptación, selección natural, variación, y valga la redundancia: evolución.

  • Comentarios finales

El Museo de la Evolución, en Puebla es estéticamente bueno pero conceptualmente vacío. Sí hay piezas realmente buenas como las de un mamut, un perezoso gigante y las de dinosaurios que son cautivadoras (en lo personal, quedé maravillado con la réplica del esqueleto de Tiranosaurio). No obstante, la carencia conceptual de la evolución es evidente. Supongo que los públicos asistentes de por sí llevan la idea de que “evolucionamos”, pero inclusive en el museo, no se desmitifican ideas tan arraigadas en la sociedad como: “descendemos del mono.”

Estos humildes comentarios críticos, no tienen como finalidad destruir la noble labor de quienes como investigadores depositaron sus esfuerzos y asesorías en la construcción del museo, aunque no creo equivocarme al decir que el gobierno del estado de Puebla no se acercó realmente a la comunidad científica. El gobierno encabezado por Moreno Valle dejó gran parte del diseño conceptual del museo en manos de personas que minimizaron y aplastaron la idea de la evolución. Estoy seguro que con los 114 millones de pesos se podía haber estructurado mejor un Museo de la Evolución, al menos uno que no fuese conceptualmente vacío.

Invito a las autoridades poblanas a que realmente se acerquen a los investigadores (en la Escuela de Biología de la BUAP hay un excelente profesorado que podría haber asesorado más de cerca el desarrollo del ME). El presupuesto que se utiliza para realizar todo este tipo de obras no sale de las autoridades mismas, sale de los impuestos que las personas pagamos a diario. No hagan mal uso de ello.

Minimizar la trascendental importancia de la evolución para humanidad es una ignominia que no debemos pasar por alto. Como bien apuntaba Charles Darwin (1859): “Hay grandeza en esta concepción de la vida… Mientras este planeta ha girado según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado, a partir de un comienzo tan sencillo, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas.”

Asistí al ME el día 17 de febrero de 2016. Realmente espero que lo mejoren.

 

Bibliografía.

Darwin, C (1859). On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life. London John Murray.

Gould, S (2008). La vida maravillosa. 2ª edición. Editorial Crítica. Barcelona, España.

Haffer, J. (2007). Ornithology, Evolution and Philosophy: The Life and Science of Ernst Mayr 1904-2005. Springer.

Mayr, E. (1988), Toward a New Philosophy of Biology, Observations of an Evolutionist. Harvard University Press.

Smocovitis, V (1992). Unifying Biology: The Evolutionary Synthesis and Evolutionary Biology. Journal of the History of Biology, 25(1), 1-65.

 

Notas al pie

[1] Nota publicada por El Universal: http://goo.gl/SbtpgV

[2] Véase el vídeo La historia de México no contada: Miguel Hidalgo y sus amigos: https://www.youtube.com/watch?v=qI-KyGwYydg

[3] Hablo de Darwin porque es el ejemplo más conocido, pero no olvidemos que Lamarck también propuso un árbol ramificado de la vida en su obra: Filosofía Zoológica, de 1809.

[4] Véase mi anterior publicación Brevísima apreciación de la contingencia en biología: http://www.opochtli.mx/da/?p=563

[5] Es una teoría que en este siglo XXI, como todas la teorías, comienza a tener críticas. No obstante, sí prevaleció como marco teórico al menos todo el siglo XX.