lluvias

La radio avisa que hay que salir con sombrilla o impermeable porque habrá fuertes lluvias, cómo compadezco a quienes se fían de los pronósticos del clima ya que ha comenzado a llover desde hace más de media hora. El olor de las primeras lluvias ya se ha ido, así como se van los años tan sutilmente que no nos percatamos hasta que un buen día el espejo nos avisa que el tiempo ya pasó factura, y se ven los estragos en el rostro y en aquellas singulares canas que intentan ocultarse tras el resto de los cabellos negros, como si se tratase de un zorro huyendo del cazador; de pronto se hacen evidentes y al pasar el tiempo son los cabellos negros los que se ocultan  bajo la nieve.

Y ni hablar de las arrugas y las ojeras bajo los párpados que son un fiel recordatorio de aquellas horas de sueño que se quedaron en promesas y se convirtieron en inviernos nocturnos por frías y largas noches en vela; en donde perseguir sombras y fantasmas se volvió mi pasatiempo  y aunque ahora que lo pienso tal vez de manera consciente o inconsciente lo hacía para prolongar la eterna agonía de esperar el amanecer que ahuyentaba aquellos recuerdos o memorias inventadas que ahora ya no logro distinguir; y en donde le he cambiado el sabor al último trago, vodka, brandy, tequila, whisky, alegría, amargura, dolor, nostalgia….Nostalgia…

Al ver en la ventana mi reflejo distorsionado por aquellas gotas de lluvia que en su Ilíada en busca de la tierra se toparon con el frío cristal frustrando su destino, dando una imagen mía pero ese no soy yo, ya no más y no sé cómo, ni cuándo comencé a no ser yo.

Es curioso cómo mi vida se me fue de las manos, tantos sueños, tantas metas, tantas cosas y sólo ella… y todo absolutamente todo se escurrió entre mis manos como si quisiera beber agua a sorbos con las palmas abiertas. Pero fue inevitable, así como lo es encender un cigarrillo y esperar que no se consuma o esperar que el humo que de él emana no se disperse.

Abrí la caja de Pandora siguiendo mis instintos y mis necedades, me sentí como en un oasis y resultó que sólo fue un espejismo provocado por múltiples carencias que me fueron impuestas, sin cuestionarme si estaba o no de acuerdo. Quise volar como Ícaro con unas alas de plumas y cera, para alcanzar mis sueños juveniles, para perseguir mis metas, pero compartimos el mismo destino pues mis alas también fallaron. Para su fortuna él pereció en su intento por escapar; para mí desgracia yo sobreviví a esa caída que me hizo consciente que en esta vida aprendemos a soñar, pero no aprendemos que también hay fuerzas que nos detienen o incluso nos cortan las alas, hasta que llegado el momento nos damos cuenta de que no podemos volar.

Y este golpe con la realidad puede frustrarnos en cada intento por liberarnos, por cada intento de negar lo que no somos y buscar lo que podemos ser; y esta caída hacia el suelo, el mar o el vacío, no es más que el despertar de la consciencia, no es más que asumir el papel de guerreros que somos y del que nunca podremos escapar.